Disponible en Nebulared, sección de cine
Nota: 9

Wall-E, abreviatura de “Waste Allocation Load Lifter Earth-Class”, es un pequeño robot que lleva 700 años haciendo lo mismo: recoger y compactar basura. Cuando los humanos huyeron de una tierra contaminada hasta el extremo, se olvidaron de apagarlo, y ha seguido cumpliendo con su labor durante todos estos años, con la única compañía de una pequeña cucaracha. Pero de repente, su monótona vida da un vuelco. Una enorme nave espacial trae consigo a un elegante y estilizado robot femenino, EVE, de la que Wall-E se enamora perdidamente. Pero, ¿quién es realmente EVE y por qué está aquí?
He ido a ver esta película dos veces en el plazo de un fin de semana. Y he dedicado unas cuantas vueltas en la cama a reflexionar, y buscarle las cosquillas. Todo con una única finalidad: buscarle algún defecto. Finalmente, he descubierto una nimiedad, un minúsculo “problema”, que para mí carece de importancia alguna. E hice todo eso, porque me resistía a creer lo que sentí tras salir de la sala después de la primera proyección. Y lo que creía, y sigo creyendo pese a ese “rasponcillo”, es que había asistido a una de las mejores películas de todos los tiempos. Una auténtica Obra Maestra de principio a fin, que trasciende los límites de la animación, y que proporciona al espectador una experiencia que sólo unos contados títulos pueden proporcionarle.
Me resistía a creerlo, porque me parece prácticamente sobrenatural que se pueda crear semejante maravilla con un ordenador. Y siendo además, durante gran parte del metraje, una película muda. Pero no debemos olvidar que estamos ante los magos de la animación. Auténticos prestidigitadores capaces de sacar del sombrero (y esto es un guiño al corto que precede la película) una historia a ratos tierna, a ratos divertida y a ratos totalmente trágica, protagonizada por una suerte de “Buster Keaton meets ET meets Número 5″, cuyos ojos transmiten todas las emociones necesarias. Ni siquiera hace falta una cara, o una palabra más allá de “Eva”, para enamorarnos perdidamente de este montoncito de chatarra.
Wall-E es, de lejos, el mejor personaje que ha creado nunca Pixar. Tiene el carisma de Woody, de “Toy Story”, y la ingenuidad y torpeza de su compañero, Buzz. También el enorme corazón de Sulley, de “Monsters Inc.”, y la valentía y arrojo de “Mr. Increible”, dispuesto a darlo todo por los que ama. Tiene un poquito de todos esos personajes, y también, como ya se ha dicho, un muchito de Buster Keaton, de ET y de Número 5. De esa mezcla sale nuestro robot protagonista, y es capaz de despertarnos la misma admiración que todos ellos juntos. Y capaz de enamorarse hasta la última tuerca de EVE, ese femenino robot cuya apariencia es, inconfundiblemente, obra de Apple, poseedora de parte de las acciones de Pixar. Incluso suena igual que un Mac, al iniciarse (pequeño detalle friki que hace las delicias de desviados como yo).
EVE es muy distinta a Wall-E. Ágil, valiente, rápida, y mortal. El poderoso rayo que dispara con su brazo derecho no encuentra pared que se le resista. Es ella la heroina de la Historia, y la que tiene que salvar a nuestro torpón cubito de tuercas de mil y un peligros. Sí, chica salva a chico. Un detalle elegante y distinto, made in Pixar.
Hay más robots, por supuesto. Robots de todos los pelajes. Robots entrañables, robots tontos, robots malvados… y ese es el único “defectillo” que le encontré a esta maravilla. Nuestros protagonistas tienen el apoyo de una serie de aliados, cuyo peso en la trama es escaso, y un pelín forzado. Pero sin duda una gran estrategia para llenar las estanterías de los grandes almacenes, los Happy Meal y los Huevos Kinder de figuritas de aquí a Navidades. Un defectillo sin importancia, que en absoluto empaña el conjunto de la película.
Pero no todos los protagonistas son robots. También hacen su aparición los seres humanos. Y aquí es donde entra, una vez más, la absoluta genialidad de Pixar. La Humanidad a la que asistimos, es una Humanidad 700 años en el futuro. Una Humanidad menos humana que nunca. A medida que vamos conociendos a estos seres humanos, la historia deja de ser una tragicomedia para convertirse en ciencia-ficción pura, con más que notorios homenajes a “2001: Una Odisea en el Espacio”, para muchos, la Obra Cumbre de Kubrick. ¿En qué se han convertido los seres humanos?, ¿vamos por ese camino realmente? Todo son pequeños detalles que te hacen pensar “eso podría pasar realmente”. Todo cuidado hasta lo más mínimo, con una precisión de relojero, como nos tiene acostumbrados esta factoría de genios. Toda la historia encaja con una perfección exquisita.
Y la genialidad de Pixar, como ya hemos dicho en ocasiones, no se limita a unas maravillosas historias y unos personajes que se quedan marcados en la retina durante años. Su genialidad, como no podía ser de otra forma, también brilla en el aspecto técnico. La ciudad derruida y cubierta de basura que Wall-E se encarga de limpiar, es absolutamente asombrosa. El nivel de realismo ha llegado a unas cotas insuperables. Me vienen a la mente ciudades similares, pero en película de imagen real, como “Soy Leyenda” o “28 días después”. Y a la ambientanción tenemos que añadirle otras virguerías técnicas, como desenfoques, filtros que simulan “visión robot”, hologramas, texturas (el aspecto de EVE es… buf), sombras, física, etc. Detalles que pueden pasar por alto en el momento, y que precisamente por eso son excepcionales. Encajan perfectamente en el contexto de la historia, y no chirrían por ningún lado.
En resumidas cuentas. Pixar vuelve a superarse a si misma con su novena película. Cuando parece imposible que puedan hacerlo mejor, lo hacen. Cada nueva película demuestran que están a años luz de cualquier estudio, sea de animación o de imagen real. Demuestran que la colección de Oscar que tienen ahora mismo, debería multiplicarse por dos, y así lo hará, si siguen por este camino y el mundo del cine aun tiene decencia y cordura. Y dentro de unos años, maravillas como ésta se consideraran clásicos irrepetibles de la Historia del Cine, de esos que se hacen una vez cada tres o cuatro lustros, y que permanecen en la memoria durante mucho más tiempo. Chapeau, Pixar.