Seguro que conocéis la historia del mal llamado “niño medicamento”, venido al mundo en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y que podrá salvar la vida de su hermano.
Pues como siempre, a la Iglesia parece que cualquier cosa que suene a progreso le revuelve las tripas, dado que, pasito a pasito, nos vamos librando de la lacra que suponen estos censores de mentes.
Ojeando una noticia relacionada en meneame, he podido leer algunas opiniones que valen su peso en oro. Aquí las transcribo:
“A mi lo que me jode es que pueda haber gente tan retorcida que prefiera que mueran los hijos de los demás antes de que se violen las supuestas normas de sus amigos imaginarios.”
“¿No os parece como para mear y no echar gota que los que se llaman pro-vida prefieran la muerte de un niño -mi hermano- a su salvación gracias a los avances de la medicina?”
” Estos que tanto defienden la vida, ¿no son los mismos que predicaron su fe a golpe de espada, que apoyaron a dictadores como Hitler, Franco o Pinochet sólo por afán de poder, que niegan la comida a los necesitados de África que no van a misa, y que llenaron las catacumbas de los monasterios de hijos asesinados para que nadie supiese que lo tuvieron las monjas?
Lo primero que deben hacer es pedir perdón por las vidas que han destruido, lo segundo es vender lo necesario de sus posesiones para SALVAR la VIDA a miles de personas que no tienen ni para comer (por coherencia, digo yo), y lo tercero, es rezar a su Dios para que con su fuerza divina impida todo aquello que consideran impuro. Por lo demás, ¡que se callen!”
“Sólo con el anillo de oro de Rouco, podemos salvar a más de 100 niños africanos de morir de hambre.
Él es el que lleva 100 cadáveres, en una sola mano. Imaginad los miles de niños muertos que carga encima el Papa.”
“(…) Si Dios ha puesto en nuestras manos la Ciencia, es para que la usemos.”
“Entoces, el hecho de que se produzca un aborto espontáneo cuando el embarazo ya está casi a término ¿quiere decir que Dios es un puto abortista?
Ah no, claro, es que Él escribe Recto con Renglones Torcidos y Sus Caminos son Inextricables, y todas esas mierdas.
Comprendo.
Mira que soy permisivo y tolerante con las creencias de los demás, pero a veces pienso que a ciertos sectores de las jerarquías eclesiásticas habría que extirparlos como si fueran forúnculos. Por simple y básica higiene.”
En fin, que ya está todo dicho. Lo único positivo que le queda hacer a La Iglesia (y con “La” quiero decir todas las iglesias de todas las confesiones) es desaparecer.